
Almuerzo en Hôtel du Couvent, Niza
On dirait le Sud. But make it eternal and timeless.
El cantante Nino Ferrer plasmó como pocos en su legendaria canción-homenaje al Sur de Francia, esa sensación que solo se puede vivir, que no te lo cuenten: Mezcla de solaz, non-chalance y esa infaltable galantería con la cual se toma un aperitivo en terraza, la vida en la Riviera Francesa es toda una marca de fábrica imposible de imitar.
El Hotel du Couvent traduce a través de su centenario monasterio renovado con una paleta de colores no solo instagramable por donde se la mire, sino también rejuvenecedora y fuente de wellness para todos los sentidos.
No en vano es el lugar del cual todo el mundo habla en la Cote d’Azur, pero al mismo tiempo sabe cultivar, fielmente a su histórico claustro, ese misterio y ese arte de silencio delicioso donde quienes hablan son la arquitectura, el diseño de interiores, la filosofía del restaurant y del bar y sobre todo su conocedor staff:
El Sur de Francia ofrece una sonrisa de quien se sabe engreído por la naturaleza, por esos rayos de sol en bucle, y es precisamente lo primero que nos presagió una experiencia auténtica, eco-sostenible y de altos standards gastronómicos donde los productos locales se lucen en propuestas contemporáneas sin aires de déja-vu.
La atmósfera – Interiores que invitan al retiro pero sin olvidar el placer
“Aquí no estás en un lugar. Estás en un estado de ánimo, atemporal, suspendido en el tiempo”.
No, no es una frase de Woody Allen, es lo que nuestros vecinos de mesa, arquitectos, nos comentaban. No nos sorprendería descubrir algún día que el director de joyas como “Annie Hall” nos sumerja en su universo único en los iluminados patios y arcadas del Hotel du Couvent. Resulta impresionante cómo el background espiritual y religioso, cual infusión sanadora, ha calado en cada amarillo vivaz, cada rincón de dolce-vita, cada uno de los árboles que invitan al retiro. Si estás buscando un lugar donde encontrar la paz en silencio sin olvidarte del placer de los sentidos, sólo hay que atravesar el viejo Niza y adentrarse en este jardin de delicias.


La mesa – Dualidades que prodigan bienestar al cuerpo y al espíritu
Una carta o menú puede ser un útil didáctico, al igual que un libro, aprendemos con él y de él. Y vaya lección de provençal:
Empezamos con unos barbajuans, deliciosas masas fritas rellenas de ricota, acelga y espinaca, sí que se siente la proximidad con Italia, a tan sólo media hora en tren. Una ensalada de calamar nos acerca al bullicioso mundo de los pescadores de Nizza y alrededores, carismáticos personajes que atrapan con sus historias. Amamos el contraste entre barullo y silencio, para ello el huerto del Hôtel du Couvent nos presenta directamente desde sus tierras unos espárragos verdes con una textura gloriosa. Amén con las alcachofas y lucios de frescura que sólo se puede esperar de la pesca local. Una tarta de guisantes verdes aporta salud y bondad que sólo se puede esperar de esa cocina tradicional de abuelas provenzales con temperamento y gracia.
Los platos de fondo sintetizan a la perfección el espíritu “huerta-bienestar” con ese refinamiento que el mundo envidia a la Riviera Francesa: Capellini frescos con salvia, la escencia del huerto a través de sus hierbas cultivadas a escasos metros de nuestra mesa. Nos deleitamos con los espárragos blancos acompañados de sobrio trigo, que nos transportó a un cuadro provenzal pintado por Cezanne o Matisse. La trucha ahumada de Cians con sus verduras de primavera fue memorable, así como el pollo superlujoso de Terre de Toine con azafrán y espárragos verdes. La dieta mediterránea llega a su apogeo con una pierna de cordero con acelgas. Con razón son tan longevos los abuelos y abuelas de la región.
Precisamente son los años y la perennidad lo que cautiva de este lugar, que se revela simple y sofisticado a la vez.
Los postres reflejan esta dualidad: Limón helado que es típico del Sur de Francia, lúdico y tradicional. Un regresivo y sibarita arroz con leche pero no tan clásico, éste tenía un toque de caramelo cítrico, elevándolo a otra categoría. El baba con ron nos recuerda que siempre hay un momento para lo festivo y oh so french. Quedarán en nuestra memoria las fresas con azúcar moreno, con un sabor que sólo el suave clima mediterráneo puede garantizar, de lejos las mejores que hemos probado en Europa. La declinación de tarta de fresas confirma que esas abuelas provenzales, o las monjas del claustro tienen la clave para envejecer en serenidad disfrutando lo que tenemos a proximidad.